Como gran cosa ahora la Asamblea nacional aprueba el voto de los nicaragüenses en el exterior. Esta es una medida justa y básica en cualquier democracia. Todos los países civilizados del mundo permiten que sus ciudadanos voten en los consulados en el exterior. Especialmente cuando los ciudadanos en el exterior representan una de las entradas de divisas más significativas para el país. Los honorables “padres de la patria” piensan que con esta medida van a satisfacer las ansias de democracia y permanecer en el poder. Se equivocan totalmente. Esta es una medida bienvenida, justa y necesaria, que debería haber sido aprobada hace casi treinta años, cuando se propuso durante el gobierno de doña Violeta B. de Chamorro. Arnoldo Alemán hizo campaña y recogió fondos con la promesa de aprobar el voto en el extranjero. Lo mismo hizo Enrique Bolaños, pero ninguno cumplió. Daniel Ortega nunca habló de este tema porque sabe que ese es un electorado en su contra, pero ahora que tiene el agua al cuello le ordena a sus legisladores que aprueben el proyecto de ley, engavetado por años.

Es muy poco y demasiado tarde. La dictadura de Daniel Ortega va para afuera, y con ella también la corrupta, ilegal e ilegítima Asamblea Nacional. Yo soy de la opinión que todo lo actuado desde el pacto Alemán-Ortega debe ser declarado nulo e ilegal, y que volvamos a la Constitución, leyes y códigos de 1996. Por lo que esta ley también habría de volver a discutirla y someterla a votación. Creo que muy pocos jurisconsultos creen que es posible o prudente hacer eso, por lo que la actual ley quedaría aprobada.

Los mexicanos votan en los Estados Unidos, pero de los 38 millones de México-americanos una pequeña fracción votará en las próximas elecciones. El sistema está automatizado y los mexicanos pueden bajar de la red un formulario de inscripción para votar. La aprobación del derecho de voto de los mexicanos en el extranjero se ganó en 2005, cuando la percepción en México sobre sus compatriotas emigrantes había cambiado. En un principio los veían de menos, usando palabras peyorativas para nombrarlos, pero poco a poco los mexicanos y el gobierno de México empezaron a reconocer el valor de este grupo de ciudadanos, y hasta empezó a cortejarlos para las campañas políticas.

En El Salvador la medida para que los salvadoreños en diáspora puedan votar ya fue aprobada, sin embargo no pudieron votar en las elecciones del 4 de marzo porque el Tribunal Supremo Electoral dice no tener la infraestructura apropiada para recibir los votos. Los colombianos desde hace años tienen derecho a votar en el exterior. Deben inscribirse personalmente en el consulado que le corresponda, tienen que presentar su pasaporte, su cédula de identidad y registrar su huella digital. Después de su inscripción reciben un comprobante por correo electrónico que tendrán que presentar el día de la votación. Los chilenos estrenaron recientemente su derecho a votar en el extranjero, siendo la pasada elección la primera en que pudieron ejercer ese derecho. Los venezolanos desde hace años tienen derecho al voto en el exterior, pero en los últimos años los gobiernos de Chávez y Maduro han hecho cada vez más difícil para los venezolanos en el exilio ejercer su derecho. Han cerrado consulados obligando a las personas a hacer largos viajes a otras ciudades para votar, y más recientemente han aumentado los documentos de identidad que las personas deben mostrar. En un principio bastaba con la cédula de identidad, ahora están exigiendo pasaporte y partida de nacimiento. Además del hecho que las últimas elecciones de Venezuela, como las de Nicaragua, han sido fraudulentas, Maduro ha implementado un documento de identidad patriótico, bolivariano, para poder votar. Esta es la mayor aberración de una democracia, donde el voto debe ser libre, secreto, e independiente de cualquier partido político. En las pasadas elecciones de abril, Paraguay habilitó 190 mesas para que 40,000 paraguayos pudieran votar en el extranjero. El Congreso boliviano aprobó recientemente el voto electrónico de los bolivianos residentes en el exterior. También aprobó el que los menores, al cumplir 18 años, puedan tramitar su ciudadanía boliviana desde el extranjero. Esto desató un debate en el país ya que miembros de la oposición lo ven como una oportunidad para el gobierno de Evo Morales a hacer trampas en las próximas elecciones. El Uruguay, sorprendentemente, no permite a sus ciudadanos en el exterior ejercer el derecho al voto. La medida fue sometida a consulta en el 2009 y no alcanzó los votos necesarios para su aprobación. En la Argentina el voto es obligatorio, y los ciudadanos en el exterior pueden someter una justificación para la no emisión de voto. Este es por tanto el otro extremo de la problemática. Sesenta días antes de los comicios los argentinos tienen que justificar por qué no van a emitir su voto. El voto obligatorio a mí me parece una aberración, ya que los ciudadanos debemos tener el derecho de participar o no en la vida política del país. Aunque yo personalmente creo en la vital importancia de votar, respeto el derecho de la gente que no quiere participar en algo que les parece corrupto e inoperante.

En fin, podemos ver que en América Latina hay muchas formas diversas de ejercer el voto en el exterior. Yo recibo con beneplácito la oportunidad para que los nicaragüenses en el exilio podamos votar, pero creo que lo más importante en este momento es la remoción de la dictadura de Daniel Ortega, encontrar la fórmula apropiada para una transición ordenada a un régimen democrático, la elección de una nueva Asamblea Nacional, preferentemente por votación directa uninominal, y luego ratificar el voto de los nicaragüenses en el exterior. Que no crean estos señores que aprobando una ley como esta van a poder continuar en poder.

El autor es escritor y catedrático en la Universidad de Cincinnati