El grito es una expresión destinada a poner en alerta. A veces sobre algo positivo, pero casi siempre sobre un hecho no tan agradable. Un grito expresa descontrol, desbordamiento de las emociones. Levantar la voz es un recurso al que, habitualmente, recurren quienes están más interesados en hacerse oír que en escuchar al otro.

Se grita y se termina amenazando porque no se encuentra, o no se quiere encontrar, otra manera de expresar o conseguir lo que se desea. Quien grita hace notar el tono de su voz, mucho más que el mensaje que quiere transmitir. Lo que comunica es que está a punto de perder el control por completo y que el otro debe medir sus acciones antes de continuar.

En este caso, el grito cumple una función de anular al otro. Nace del miedo y de la carencia, pero su efecto es llenar ese vacío por la vía de la imposición. El grito agresivo pretende que el otro no se exprese, que no haya nada más qué decir.

El fin de un individuo que grita y amenaza es el de conseguir manipular a la otra persona, convertirla en alguien que obedece a sus deseos. Una persona que recurre a estos recursos es alguien inseguro y débil. Necesita recurrir a estos para conseguir sus objetivos, ya que de una manera sana no se ven capaces de lograr cosas, aunque aparentemente parecen personas muy seguras y estables, pero en realidad dentro de sí mismos hay una efervescencia de emociones que logran disimular.

Por otra parte, estos individuos carentes de una personalidad sana, quieren ser los que dominan las conversaciones y los que llevan siempre la razón, son poco flexibles y les cuesta escuchar, cuando el otro habla utilizan medios para distraer su atención, puesto que realmente no están interesados en la opinión que están escuchando. Les molesta que les aconsejen, ya que consideran que es un insulto hacia su inteligencia.

El que amenaza intenta deformar las situaciones hasta que consiga situarse en un papel de ser el que tiene la razón y se querrá convertir en una especie de guía. Para poder manipular sabrá perfectamente cambiar las situaciones a su favor, de tal manera que a la otra parte no le toque más opción que tomar una decisión desfavorable por no quedar como el que no está queriendo colaborar con la armonía del conflicto.

Aquellos que acostumbran a gritar y/o amenazar cambian de humor fácilmente, debido a que si consiguen manipular están contentos, pero si la víctima se resiste, la cara se puede transformar en cuestión de segundos de alegre a enfado.

¿Cómo defendernos de este tipo de manipulación? Haciéndole ver al chantajista que no consigue llenarnos de miedo. Una amenaza o presión siempre busca generar miedo y así la víctima accede a obedecer, pero si no hay temor o hacemos ver que no lo hay, desmontamos la manipulación. La victoria frente a esto es no permitir que interrumpan tu calma y tu sosiego.

Psicólogo clínico. Encuéntrelo en Facebook como: Psicólogo Martínez. Twitter: @PsicologoCli. Visita: www.psicologomartinez.com Teléfonos: 8584-9784/ 8608-9934

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