Apesar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), recomendó al gobierno de Daniel Ortega cesar en su represión a los manifestantes, la Policía Nacional (PN), turbas sandinistas y grupos paramilitares siguen asesinando y masacrando a los nicaragüenses elevando la cifra de muertos a más de 80 personas.

Algunas de las más recientes víctimas —que se encontraban en los tranques— han sido rafagueadas por grupos paramilitares a bordo de camionetas blancas doble cabina, Hilux, sin placas. Otra persona fue perseguida por motociclistas, primero torturada y luego la mataron.

Durante la visita in loco de la CIDH a Nicaragua recepcionó más de tres mil denuncias, confirmando el uso indiscriminado de armas de fuego de la PN así como de terceros armados (paramilitares) contra los manifestantes provocando 76 muertes, 868 heridos y 438 detenidos. Además existen más de 85 personas desaparecidas. Pese a que la delegación gubernamental en el Diálogo Nacional aceptó las 15 recomendaciones de la CIDH, violó el compromiso. Primero, al enviar a la PN a disparar a los estudiantes de la Universidad Agraria, hiriendo a varios estudiantes. Esto fue documentado por la CIDH que aun estaba en el país.

Después fueron los ataques a tranques en Chinandega y León, provocando más muertos y heridos.

Cesar a lo inmediato la represión, garantizar la vida e integridad de los manifestantes, respetar el derecho a la huelga pacífica y desmantelar los grupos parapoliciales, son entre otras, las recomendaciones de la CIDH, que repito, el Gobierno se comprometió a cumplir en el foro del diálogo. Pero en la realidad sigue matando y masacrando a los que continúan manifestándose de forma pacífica.

El Gobierno —al trancar la mesa del Diálogo Nacional— pretende crear un estado de terror con la intención de desmontar las marchas multitudinarias de la juventud y desaparecer los tranques a nivel nacional.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua, al aceptar la solicitud del Gobierno de ser mediadores y testigos del Diálogo Nacional dejó claro que aceptaba esta responsabilidad con dos condiciones, justicia para los asesinados y la democratización de raíz del país, por lo que es evidente la hipocresía gubernamental de obstaculizar el Diálogo Nacional, utilizando como pretexto los tranques.

Solo la presión en las calles, presión en la mesa del Diálogo y presión internacional posibilitarán la salida de Daniel Ortega. EE.UU. condenó recientemente la violencia perpetrada por matones controlados por el gobierno de Ortega que provocó más muertos y lo instó a cumplir con las recomendaciones de la CIDH, así como retornar a la mesa el Diálogo Nacional.

La sociedad nicaragüense, liderada por la juventud que busca librarse de la dictadura de Ortega, requerirá de parte de la comunidad internacional acciones concretas eficaces en vez de pronunciamientos. No podemos permitir más muertes de inocentes.

El autor es periodista.

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