Circo

La primera mala señal fue la presencia de Wilfredo Navarro. ¿Qué negociación seria puede incluir a Navarro? ¿Acaso Ortega va a confiar a un tránsfuga profesional la suerte de su reino? Pero bueno, démosle el beneficio de la duda y ¡zas! aparecen proponiendo como garante de los acuerdos a la buena-para-nada Procuraduría de Derechos Humanos. Un circo. Y uno piensa que la chacota no puede llegar a más cuando salen con la propuesta de un “Sistema integral sobre verdad, justicia, reparación y no repetición” que lo integrarían, entre otros, la Policía, la Fiscalía, el Ministerio de Salud y los tribunales. ¡Dios santo! Solo faltaron los paramilitares y el Viper. Si van a seguir así, presiento que en una de estas llegan a negociar vestidos de bombachas, zapatones y pelota roja en la nariz para ir a tono con sus propuestas.

Negociadores

Y dice Navarro que si la Alianza Cívica no acepta sus propuestas pueden buscar a otros para negociar. De poder, pueden. El mismo Navarro podría colocarse al otro lado de la mesa. O mejor aún, para darle mayor solemnidad, un diálogo de alto nivel entre Daniel Ortega y Rosario Murillo. De poder, pueden. En materia de payasadas cualquier cosa esperamos de ellos.

Garantes

¿Quiénes van a ser los garantes de estos acuerdos? ¿Van a invitar a la OEA, a la ONU?, le preguntó una periodista al canciller Denis Moncada y este dijo con la mayor seriedad del mundo: “Los nicaragüenses, los nicaragüenses somos la mejor garantía”. Recuerdo que en el 2007, cuando venían las elecciones municipales del 2008, eso mismo le preguntaron a un funcionario del Consejo Supremo Electoral y respondió igual: “A estas alturas los nicaragüenses no necesitamos que nadie nos vigile. Hemos madurado lo suficiente para garantizar elecciones libres nosotros mismos sin que venga nadie de afuera”. Y ya sabemos el desmadre que se armó.

Disparates

Ortega es el problema. Ortega no puede ser la solución. Mientras no se percate de eso, este seguirá siendo un diálogo de sordos. La Alianza Cívica proponiendo salidas y el régimen, sin oírlas, saliendo con estos disparates. El circo, pues.

Represión

La realidad, aquí, en la Nicaragua de hoy, es que Daniel Ortega ya no tiene capacidad de gobernar sin represión. Si no ha cumplido con los acuerdos más sencillos que es garantizar los derechos ciudadanos que la misma Constitución establece, es porque sencillamente no puede hacerlo. Derechos ciudadanos y gobierno de Daniel Ortega son incompatibles. La represión es un dique que está conteniendo un generalizado descontento que está por reventar. Si se suelta un hilo, se viene abajo todo el tejido en cosa de días.

Penélope

Ortega utiliza la estrategia de Penélope, aquella bella mujer de la épica griega que pasó años esperando a su esposo de la guerra, sin saber a ciencia cierta si vivía o había muerto. Para contener a su legión de pretendientes prometió que solo tomaría la decisión de volver a casarse cuando terminara el tejido que hacía. Y para no casarse, lo que tejía en el día lo deshacía en la noche. Ortega igual. Pasa tejiendo acuerdos toda la semana para dar la impresión que negocia, y los desbarata los sábados para así llegar en limpio al lunes y nunca llegar a acuerdos. Solo quiere ganar tiempo.

Opciones

Todo el comportamiento de Daniel Ortega, circo y represión, puede entenderse desde esta simple lógica: no es que no quiera dejar el poder, es que no puede. Toda la dictadura está construida sobre la base de una red mafiosa e intereses económicos que no funcionan sin el poder. No solo pierde el gobierno, pierde todo. Y sin poder queda además expuesto a que se revelen esas tramas mafiosas y que se activen juicios y condenas. Por eso estuvo dispuesto a matar a más de 300 nicaragüenses, por eso en estas negociaciones solo ofrece dos opciones: o la paz del sometimiento o “sáquenme a la fuerza si pueden”.

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