—Comandante, los culitos rosados de la derecha van a protestar en Camino de Oriente por la reformas al INSS.

—Mandale a los motorizados. Que los garroteen y vas a ver cómo se corren.

***

—Comandante, los garroteamos, pero más bien se alborotaron más. Ahora están en la UCA, se están tomando la Upoli y la Universidad Agraria.

—Mmm… Bueno, ni modo, háganle un par de muertitos y van a ver cómo se calman.

***

—Comandante, les matamos a tres y más bien ahora hay marchas. ¡Montón de gente! Y en los barrios y otras ciudades están quemando llantas y levantando barricadas. Esto ya parece insurrección, comandante.

—Metámosle culillo. Atáquenlos de noche. Tiren a matar.

—Pero ellos no tienen armas, solo morteros y tiradoras.

—¡Tiren a matar!

***

—Comandante, le hemos matado un montón y nada. Está peor. Ahora han puesto tranques en todas las carreteras y la gente anda con banderas azul y blanco por todos lados, apoyándolos.

—¿Saben qué? Impongámosles terror.  Que los muchachos salgan a patrullar de noche. De civil y encapuchados. Una especie de toque de queda. Y al que encuentren sospechoso reviéntelo.

***

—Aquí de nuevo comandante, para informarle. Impusimos el toque de queda. Las calles están casi desiertas desde las siete de la noche. Ya nadie anda con banderitas azul y blanco, por miedo pues. Hemos dado de baja a algunos sospechosos que encontramos y a otros los tenemos guardados en El Chipote. Atacamos los tranques. Pero fíjese que la gente no se va. Más bien están poniendo barricadas por todos lados con el pretexto de que las camionetas con nuestros muchachos no puedan entrar a los barrios.

—No entiendo.

—Creo que nos perdieron el miedo, comandante.

—Mmm… Subámosle la parada. Que salgan los muchachos a patrullar de día. Encapuchados y de civil. Que enseñen las armas para que sepan que estamos dispuestos a todo. Vamos a ver si no les da diarrea.

—¿Y los tranques?

—Cáiganles. Es que aquí ya tenemos que echarla toda o nos vamos. Que salgan los muchachos, pero que vayan con la Policía respaldándolos…

—¿De día? ¿No le va a dar a esta derecha vandálica las pruebas que necesita para acusarnos de usar paramilitares para matarlos? Recuerde que ahora hay teléfonos con cámara por todos lados. Nadie se está creyendo el cuento de que se matan entre ellos solo para fregarlo a usted.

— Pues si nadie nos cree, qué más podemos perder. Operación limpieza. Limpieza de barricadas y facinerosos.

— A la orden general… perdón, comandante.

***

—Ay comandante, quitamos una barricada y aparecen tres más, la gente tiene miedo de los muchachos con sus armas, pero no recula. Ya les hemos matado más de cien y ahí están. Cada vez son más y nosotros menos.  Ahora hasta están haciendo un paro nacional. Lo que hacemos evidentemente no está sirviendo. Al contrario, multiplica los que quieren que se vaya y ya nos estamos quedando solos y con un color de asesinos que no vamos a hallar dónde meternos después. La verdad, la verdad, ¿no se le ocurre otra solución a la crisis que no sea matar gente?

La entrada Un cuento corto: las soluciones del comandante aparece primero en La Prensa.